domingo, 24 de mayo de 2026

Otra vida

 Me habías traído un licor de dulce de leche Cusenier. Se ve que en algún momento comenté que me gustaba y me pareció lindo el detalle de que te acordaras de eso. Mi pareja nos sacó la foto con el licor en alto. No me gusta el alcohol, pero no te lo dije para no arruinarte la ilusión con la que me lo diste.

Me veía demacrada; el desequilibrio había dejado su marca en mi cara. Todavía caminaba con miedo de caerme. Semanas atrás, estaba trabajando con la computadora y abrí un video donde mostraban una represión salvaje en Chile. La policía pegaba a mansalva. Viejos, mujeres y niños lloraban. Pero ellos no solo no se conmovían, hasta parecían disfrutar. De repente, me mareé. Apoyé la cabeza en el escritorio. Quería sacarme la sensación del cuerpo. Pensé que era la impresión, pero no. Levanté la cabeza y el mareo seguía ahí. El techo empezó a girar como una calesita desbocada y el piso pareció borrarse debajo de mis pies. Tuve que llamar a mi pareja para que me socorriera mientras intentaba aferrarme a los bordes de la madera.
Estuve internada unos días, no me acuerdo cuántos. Recuerdo las luces blancas del techo y el goteo lento del suero. Un virus me había atacado un nervio del oído. Yo me lo imaginé en el oído, pero después caí en que era un nervio en la cabeza, algo que me hacía tambalear y caerme mientras todo giraba a mi alrededor.
—No vas a quedar al 100%, pero el cuerpo compensa —me dijo el médico.
Es verdad, el cuerpo compensa. Hoy, que ya ni puedo recordar cómo me sentí en ese instante, que todo eso quedó atrás como un trámite engorroso y desagradable, que no tengo secuelas (creo, porque un dejo de amenaza, un atisbo de mareo asoma por momentos); hoy puedo maravillarme de este mecanismo perfecto que somos, aunque a veces la humanidad todavía me deprima.
Las dos teníamos el pelo largo por aquellos días. Mis rulos disimulan un poco la cara de muerta, el rastro del virus. Sonreíamos, pero lo veo forzado. Creo que ya intuíamos que lo que se venía no iba a ser fácil. Estábamos a mitad de 2019. En la imagen se nos ve muy contentas; habíamos ganado las elecciones, nosotras no, pero éramos oficialmente oficialistas y eso nos hacía bien. Pensábamos que lo peor ya había pasado. Nuestras caras, en el fondo, mostraban cierta premonición.
Y yo, que en ese momento pensaba que esa era una foto de victoria, que había sobrevivido a algo muy horrible y que nada peor podía pasarme, no tenía idea de que esa imagen era una de las últimas antes de que mi mundo se cayera por completo. No sabía que la botella de licor terminaría olvidada en una heladera sin freezer, en una casa que ya no era la casa familiar. Una casa de paredes extrañas y habitaciones pequeñas, donde ya no éramos cuatro sino yo sola con los chicos algunos días a la semana, aprendiendo a habitar el silencio de las noches vacías.
—¿Todavía tenés esa botella de licor? —me dijo mi hijo mayor un día, mientras veía qué podía saquear de una heladera vacía.
—Sí, yo no tomo alcohol— le contesté.
Finalmente la tiré a la basura. Escuché el golpe del vidrio contra el fondo del tacho y sentí, por primera vez en años, que algo adentro mío terminaba de acomodarse. Un sonido seco que cerraba una etapa para siempre.
Te llamé por teléfono y te invité a mi casa a tomar unos mates. Trajiste una pasta frola hecha por vos. De membrillo y dulce de leche, que no duró ni dos días. No nos sacamos foto.

martes, 12 de mayo de 2026

Buena sangre

 El veneno se va de mi sistema

Tu garfio emponzoñado rasguña el aire a lo lejos

No puede alcanzarme

   tu simulacro oscuro

                  de caricia 


Mi sangre brota alborozada

con energía plena que nadie drena ya

Corre roja por mis venas

Sana

Sin saña

Libre


Embriagada de un silencio sereno

escucho

mis latidos


domingo, 26 de abril de 2026

Currículum Vital

 Tengo el nombre que eligieron mis padres

nombre de olas y espuma

de puertos de pesca y alegría

Llevo en el apellido la fuerza del bosque

y en la raíz, el valor de mis ancestras


Aspiro a la levedad del goce del instante

a desanudar ronroneos mentales con masajes

ungüentos aromáticos

y mates bajo un cielo de sol

A dejar de descifrar laberintos

para simplemente caminar entre mis parques frondosos

y nadar en mareas apacibles


Vivo donde la vida y yo quisimos

Donde la necedad no habita

porque le cerré la puerta

en la cara


Soy de movilidad geográfica flexible

anclada apenas y a veces

por los afectos


Mis títulos son una espesura 

días y noches de estudio que no alcanzan

para todo lo que quiero

y quiero mucho


Tengo más experiencia 

de la que hubiera deseado

aunque por momentos 

la ingenuidad gana 

y vuelvo a perder


Mi disponibilidad depende de la propuesta

A definir


Mis referencias son visibles

en cada acto de ternura que recibo

y que doy


Vienen escritas

en lo que todavía me queda 

por vivir


sábado, 7 de marzo de 2026

Difícil respirar profundo en un campo minado

 

Tengo los dientes rotos

de tanto apretarlos

cuando duermo

El cuerpo alerta

y un cansancio

que va

más allá

de lo humanamente posible

que absorbe

la poca

energía

necesaria

para pisar 

el suelo frío

y salir

de una buena vez

de la cama

 

Respiro

como recetan los gurúes

del bienestar a toda costa

Que el aire es vida

¿No te das cuenta?

¿No lo ves?

 

Si no aprendo a respirar

como se debe

es mi culpa

soy falladita y por lo tanto merezco

permanecer

acostada e insomne

en este mundo cada vez más gris

de explosión

y de muerte.

domingo, 8 de febrero de 2026

Domingo de siesta y mariposas

 

Una paz de violetas perfumadas

Un vestido naranja envuelve ideas que bailan

a mi alrededor

Un espacio para pensar

quién quiero ser

Un sol espía por la ventana

Un maullido se oye en la distancia

¿O es el llanto de un bebé?

Un domingo

de siesta y mariposas

miércoles, 4 de febrero de 2026

miércoles, 28 de enero de 2026

Quizas

Quizás soltar sea entender

que nunca voy a entender

 

Quizás los escombros

dejen de llorar algún día

 

Tengo un historial

de días frente al espejo

ensayando el alivio

 

Cuándo pasaré la página

de esta novela barata

y podrida

que ya me sé de memoria