sábado, 27 de julio de 2024

Bella indiferencia

 

El gato me mira

Quiero hablar con él

Explicarle esta sensación de nada

que me brota

del estómago

Este necesitar y no saber qué

Esta angustia incontenible

de haberme dejado pisotear por demás

Este deseo de ser libre en mi cabeza

Una libertad interna

más allá de todo mandato o imposición

 

No logro hacerlo

el gato ya mira para otro lado

indiferente

Hogar

 

Quietud placentera

mi lugar

La tranquilidad de estar

donde elegí

 

Mi niña interior

junto con mi hija

disfrutan la paz

que supimos

crear


Desasosiego

 

Los cimientos

que creía firmes

cayeron en avalancha

sobre mi tranquilidad ficticia

Tuve que arrastrarme entre escombros

 

Me arrojé a unos brazos

que hoy tienen prohibido

acercarse

a mí

 

Seguí

contra viento y marea

contra todo pronóstico

contra mí misma a veces

y mi deseo constante de abandonarlo todo

de hundirme

entre las piedras

domingo, 30 de junio de 2024

Dos minutos, toda una vida

 

Le aprieto fuerte el brazo, lo único que pude agarrar mientras lo veía deslizarse para abajo. Su manito chiquita y fría es lo único que veo, el resto del cuerpo cuelga del balcón mientras yo lo sostengo del codo. Esa mano fue lo primero que acaricié cuando me lo trajeron después del parto. Me gustaba acariciarle los deditos tan chiquitos, me daba ternura.

Lo estoy apretando muy fuerte, pero si no se me cae.

No me suelte, bebé, pero mire cómo salió al balcón todo desnudito. Hace frío, se va a resfriar solo con el pañal. Un segundo nomás me fui, para buscarle un pañal nuevo. Y ropita, porque estaba refrescando. Quién me iba a decir que mi bebé, que siempre es tan quietito, iba a pasar primero los pies, las piernas, y el resto del cuerpo. No entiendo en qué momento pudo pasar la cabeza por debajo de la protección de balcón. Lo único que sé es que no tengo que soltarlo. Pase lo que pase, tengo que aguantar. No sé cómo hacer para subirlo.

El pañal y la ropa que le traje se me cayeron al ver a mi bebé colgando.  Tengo que resistir. Ojala Carlos llegue pronto y me ayude. Él tiene fuerza, lo va a poder rescatar. Si no se enoja conmigo por descuidada. Todavía tengo los moretones de la última vez que se enojó. No, mejor que no venga, hace como dos semanas que ni aparece igual. Somos nosotros dos nada más, bebé. 

Lo tengo bien agarrado de la muñeca, no sé por cuánto tiempo más. Ya no aguanto, estoy muy cansada.

Perdone, bebé, a su mamita, que no lo supo cuidar bien.

Se me resbala, ahora lo tengo de la mano. Me aferro a esa manita como un náufrago a un tronco.

Ayuda diosito. Si mi bebé no se cae prometo cuidarlo más. Lo juro. Por favor diosito, que  no doy más.

viernes, 28 de junio de 2024

Incontinencia

 

Quiso ir al baño a hacer pis, no se pudo levantar. Se largó a llorar en medio de esa cama que ahora le quedaba grande. Tenía la cara húmeda y los ojos hinchados. Se destapó con fuerza, hacía calor. Y esas sábanas de flores rojas y broderie en el borde le recordaban que Laura ni siquiera había querido llevarse sus cosas.

No supo cómo había llegado hasta un bar a ahogar su penas en alcohol.  Cerveza con maní había pedido, no recordaba cuántas veces. Ni cuánto dinero había gastado, sospechaba que bastante. No tenía idea de cómo había vuelto a su casa. Ni cómo había llegado hasta la cama. Lo único que tenía claro es que la vejiga parecía que le iba a explotar.

Se pellizcó el pito a ver si así lograba aguantarse. Ya no sabía cómo hacer. Había leído que con el pene erecto era imposible hacer pis. Agarró su pito flácido, pero no logró que se le parase, y eso que le puso onda; las ganas de orinar anulaban cualquier otra cosa. Probó pensar en Laura a ver si eso lo incentivaba un poco. Fue peor. Comenzó a sollozar. Intentó nuevamente y sin éxito remontar lo irremontable. Ahora además de ganas de mear tenía hipo.

Tirado en la cama miró hacia el baño, que a lo lejos parecía reírse de él. Ya no aguantaba más. Pero le pesaba el cuerpo, cuando  se movía se mareaba. El techo daba vueltas. Demasiada cerveza. De repente, vomitó amarillo y lechoso. Logró que el líquido no cayera en la cama. Quedó un charco inmundo desparramado en el piso. Menos se iba a levantar ahora, a ver si pisaba su vómito, lo que le faltaba.

El chorro de orina escapó incontenible, la lluvia dorada mojó el estampado florido de las sábanas. Entre carcajadas gritó: “¡mirá como te riego las flores hija de puta!”.

jueves, 27 de junio de 2024

Melodía

 Cuando era chica, pensaba que mi abuela era muy alegre. La escuchaba cantar seguido. Después me di cuenta de que mi mamá también cantaba. La misma melodía. Todavía lo hace.

 Con el tiempo, me fui dando cuenta de que en realidad cantaban cuando estaban cansadas, o enojadas principalmente. Todavía no entiendo si era una imposibilidad de manifestar el enojo o una manera de transformarlo. O las dos cosas.

 Esta mañana me costó levantarme. Estoy muy cansada. Y triste.

Me preparé el mate y prendí la computadora.

Escuché esa melodía ancestral que me salió como un suspiro, o en lugar de un suspiro.

Yo también canto.