viernes, 17 de julio de 2020
Mi abuela era un lobo feroz
jueves, 16 de julio de 2020
Cosas que me llevaría
De repente, se nos vino una pandemia. El mundo cambió todos sus paradigmas. Tuvimos que reformularnos nuestras creencias y tratar de entender dónde estamos parados ahora. Las prioridades cambiaron, a pesar de nuestra insistencia en seguir viviendo como si no pasara nada. Lo que pasó se impuso como un rayo en medio de la tormenta, y no quedó otra que aceptar que lo que llamábamos normalidad ya no es normal, que si necesitamos una normalidad vamos a tener que volver a crearla. Y no sabemos cómo.
En medio de todo esto, la muerte acecha. Para algunos más real que para otros, pero ahí está, nos guste o no. Pienso qué me llevaría conmigo si fuera a morir mañana. Sola, como parece que es la muerte ahora. Cuál sería mi última compañía en ese trago amargo.
No sé qué elegir, la cuarentena me trajo todos los recuerdos juntos. De los lindos y de los feos.
Me acuerdo de la primera persona que me regaló un anillo, que era de su difunta madre. Cuando nos separamos me lo pidió de vuelta. Me acuerdo de que el anillo era hermoso, pero no puedo recordar cómo era. Ni la cara de la persona que me lo regaló y me lo sacó.
Me acuerdo de la vez que llegué tarde a Retiro a tomar un micro para ir a visitar a mi abuela. Mi mamá me esperaba e hizo todo lo posible para que el micro también lo hiciera. Sin éxito, por lo que ella se subió y partió. Sospecho que muy enojada y preocupada. No había celulares como hoy en día, así que viajó sin saber qué me había pasado. No me había pasado nada, por suerte; lo que no recuerdo es si esto la alivió o la enojó todavía más.
Me llevaría el único amanecer en el que pude ver cómo el sol subía sobre el mar. Viví muchos amaneceres, todos muy hermosos y memorables, ya sea por la situación en sí, o por las personas con las que los compartí. Pero de ese fenómeno pude ser testigo una sola vez.
Me llevaría los veintiún kilómetros que corrí en Mar del Plata. Cada kilómetro, me llevaría. La envidia por la remera de los que corrían diez kilómetros, que era mucho más linda, para mí. Y la envidia de verlos volver mucho antes que yo. Me recuerdo corriendo bajo un sol radiante. Y después bajo una lluvia torrencial. Por esas calles llenas de subidas y bajadas, con el mar como única compañía. Bellísimo. Esa carrera es muy dura, pero tiene esas maravillas que hacen que valga la pena el esfuerzo.
También me llevaría todo lo que vengo escribiendo desde que empezó la cuarentena. Después del cachetazo inicial, decidí que era el momento de hacer algo que siempre tuve ganas y siempre postergué: escribir. Y no paré más.
Me llevaría el perro que siempre quise adoptar y no pude, por desacuerdos conyugales. Toda la familia quiere, menos mi marido. En casa no rige la democracia, definitivamente.
Me llevaría la risa de mi hija, la nueva voz de hombre de mi hijo,
y la forma en que me mira mi marido, todavía, y después de tantos años.
En realidad, me gustaría terminar mis días abrazada a ellos, rodeada de su amor. Para no morir del todo, mientras queden los momentos.
domingo, 12 de julio de 2020
Abismo
sábado, 11 de julio de 2020
El arte salva
Su mente adolescente y
desquiciada imaginaba suicidios, todos justificadísimos. Los motivos iban desde
que alguien le contestara mal a que alguna profesora le pusiera una mala nota
en una materia. Sus padres eran el blanco favorito de sus intenciones
suicidatorias, como no podía ser de otra manera. Todos sus planes iban
dedicados, con carta de despedida y todo, para que los depositarios de todas
sus frustraciones adolescentes supieran claramente que ellos habían sido el
motivo de su fatal decisión, para que reflexionaran y se arrepintieran de todo lo que le habían hecho.
Un domingo, día más que
propicio para estos cavilares, se dio cuenta de que la idea había tomado una
consistencia insoportablemente real. Pensó las distintas formas de llevar a
cabo su cometido, sopesó los pros y las contras de cada uno. Si hubiera alguna
forma de no sufrir, de que no hubiera dolor físico, ya lo habría hecho, pero
era muy cobarde y le tenía mucho miedo al dolor, por lo que llevar a cabo sus
planes se le hacía difícil. Si solo conociera alguna forma que no doliese…
Lo que en principio solo era
una idea con la que coqueteaba se volvió tan real que se asustó; era solo dar
ese paso. Y ya está. Ya iban a ver todos,
ya se iban a dar cuenta del daño que habían causado con su insensibilidad. Tenía
todo pensado, ya estaba ahí.
Por suerte, esta vez su
mente desquiciada y adolescente salió rauda al rescate. De pronto se acordó de
que el lunes iba a ver Detrás de las noticias con una amiga, el martes Hombre
mirando al sudeste con un amigo, y el miércoles, Gaby, la historia de una chica
paralítica, con otro amigo.
Bueno, se dijo, entonces el
jueves me suicido.
Estalló en una carcajada.
Poco serio lo suyo. Alguien que se suicida no lo posterga para ir al cine, pensó.
No podía parar de reírse ante lo bizarro de la situación.
La adolescencia es una etapa
muy difícil.
Y el arte salva, muchas
veces.
lunes, 6 de julio de 2020
HAIKUS PORNOGRÁFICOS O HOTKUS
sábado, 4 de julio de 2020
Papá
Quince años ya. La edad que va a cumplir mi
hijo en unos meses. Imagino que hubieras sido un abuelo maravilloso, tenías
muchas ganas. Me acuerdo de tu cara cuando te di la noticia. Tu mano en mi panza
cuando te dije que era un varón y que habíamos decidido el nombre. Ya
estabas enfermo e imaginábamos el final. Nosotros. Vos, negador como siempre,
hablabas de lo que ibas a hacer cuando te curaras.
Hoy fue un día raro, como siempre desde hace
quince años.
Hoy casi no pensé en vos, pero el malestar que
desde hace quince años siento este día se hizo presente. No falla. El cuerpo
tiene memoria.
En la calma de la noche, mientras escribo,
por fin caen las lágrimas.
Te extraño. No sabés cuánto.