domingo, 11 de julio de 2021

Salud, Carmelita

Ay, Carmelita, qué linda foto esta donde estamos las dos. Mirá qué lindas que estamos. Bueno, vos estás muy linda. Yo estoy toda ojerosa. Hacía poco de mi internación por ese virus que tuve en el nervio del oído, ese que me hizo perder mi ya precario equilibrio. ¿Te acordás, Carmelita? Claro que te acordás. Qué locura, ¿no? Y vos me acompañaste en todo momento. Casi una sombra mía eras, Carmelita. Con lo que a mí me gusta que me estén encima, amiga, vos ya lo sabés.

Me gusta mirar esta foto, ¿viste? Porque ahí ya podía caminar sin torcerme para los costados. Ya podía andar sola por la calle sin tener miedo a volver a sentirme como me sentí ese día en mi casa, cuando pasó todo.

En la foto estamos tomando el licor de dulce de leche que me trajiste. Lástima que no le sacamos foto a la pasta frola que hiciste, que estaba espectacular. Sabés que el licor de dulce de leche y la pasta frola son un combo mortal para mí. Qué bien que la pasamos ese día de la foto, Carmelita, hacíamos chistes de que si perdía el equilibrio le podía echar la culpa al alcohol.

No sé si fue la risa, el licor o la pasta frola, pero la imagen tuya con mi marido se me apareció de repente, como un limpiador de vidrio en la ventana. Lo recordé todo, Carmelita. Ese día, cuando los vi a los dos en nuestra cama mi corazón que se detuvo como calesita rota, mientras que mi cabeza daba vueltas como calesita reparada. Fue tremendo, Carmelita. La casa entera giraba. Tuve que tirarme al piso, porque si no me iba a caer. Después de eso, ya no me acuerdo más de nada. Lo siguiente que recuerdo fue que estaba en el hospital y ustedes dos me observaban muy preocupados. Por mi salud, supongo.

No puedo dejar de mirar la foto. Todavía me quedaban secuelas del virus, se me nota en el aspecto. Las manos me temblaban mucho en esa época. No sabés lo que me costó pisar las pastillas antidepresivas que me dieron después de todo lo que pasó, Carmelita, y embocarlas en ese vasito tan chiquito para el licor. Y asegurarme de que lo agarraras vos, y nadie más. Toda una hazaña, pero lo logré. Espero que no me guardes rencor, Carmelita.

Salud.


sábado, 10 de julio de 2021

Amores en la red

 

Se enamoró. Contra todo pronóstico. Contra toda predicción. Contra ella misma, incluso. No tenía ganas de volver a sufrir. Estaba contenta con la tranquilidad que había logrado en su vida, esa estabilidad rayana en el aburrimiento.

Lo esperaba, eso sí. Vaya que lo esperaba. Como perro a su porción de alimento balanceado. No movía la cola, pero su respiración se aceleraba cuando él escribía o comentaba algo. En cualquier lado y a cualquier persona. Es que sus comentarios siempre eran acertadísimos, y ella estaba segura de que todos iban veladamente dedicados. A ella, por supuesto.

¿Cómo estás tan segura que lo que escribe es para vos? Le pregunté alguna vez.

Esas cosas se saben, fue su respuesta.

Y yo, que nunca sé de esas cosas, ni sé cómo se saben, decidí no preguntarle más. Un poco por respeto, y otro poco porque me agobiaba que de lo único que me hablara fuera de él. El chat se me estaba poniendo aburrido. Empecé a chatear con otras personas que por suerte me hablaban de temas más interesantes.

Tampoco sé cómo termina la historia, porque ella se borró de todas las redes sociales de un día para el otro.

Casualmente, él también.

Así que les perdí el rastro.

viernes, 9 de julio de 2021

Lamiendo heridas

Tengo que aprender a darle más bolilla a mis corazonadas.

Cuando algo adentro mío grita que no estoy cómoda.

Cuando el cuerpo no soporta más la tensión, la cabeza duele y la fiebre sube.

Exploté.

Me fui de todos lados.

Incluso de lugares que ahora extraño.

Lugares donde me dijeron que era una pena que me sintiera así, pero que también estaba bueno saber

 hasta donde uno podía o quería, y saber cuándo parar.

Que si quería volver, sabía dónde encontrarlos.

Esa es la gente que me hace bien, la que me da mi espacio, no me presiona ni cuestiona mis decisiones.

Ahí es.

Aunque todavía no esté lista para interactuar con nadie.

 Necesito esta coraza, que a veces se me hace cárcel.

Porque abrí las puertas del lugar equivocado y no dimensioné el daño.

Perdí toda proporción, entré en la locura ajena.

Cosa peligrosa si las hay.

Sentí que me era imperioso huir.

Y huí.

De a poco regresaré a los lugares donde no siento tensión en el aire; sé dónde encontrarlos.

La vida es una sola; y muy  valiosa en estos días de tanta muerte alrededor.

Ya casi que estoy lista.

En cuanto sanen un poco algunas heridas, abriré mis puertas a lo que sí.

Mientras tanto, descanso.

Y bailo.


miércoles, 23 de junio de 2021

Gorda

 Soy gorda.

Siempre lo fui.

La gente no lo entiende. No sabe lo que es tener varios talles de pantalones en el placard, para las distintas formas que adquiere tu cuerpo, que se estira y se afloja según la ocasión y la dieta de turno, dejando un reguero de estrías, como un estigma, la huella de tus debilidades, de tu incapacidad para ajustarte a la norma.

“No sos gorda, estás gorda”, dicen los que te quieren ayudar, pero en realidad es que no se bancan que seas así, gorda. Te quieren sumisa, no te aceptan como sos, no aceptan que te salgas de la hegemonía de los cuerpos.

Soy gorda.

Puedo estar flaca, alguna vez y con mucho esfuerzo.

Soy gorda.

Es mi esencia, es lo que soy, lo que viví de chica, cuando para todos era chochan, ballena o cerdo. Y lo decían sin pudor, sin que se les cayera la cara de vergüenza. Y la vergüenza la sentía yo. Pero ya no más.

Sobreviví.

Algunos no. Se suicidaron. La anorexia es una forma de suicidio, de querer desaparecer. Ayer me contaron de una chica que dijo que prefería morirse antes que ser gorda, porque no era lo suficientemente fuerte para aceptar todo lo que ser gorda implica en esta sociedad que vivimos.

Yo soy fuerte, parece. Aunque no siempre me sienta fuerte.

Lo que tiene que vivir un gordo solo el que es gordo lo sabe.

Pero quiero avisar algo: yo puedo adelgazar. Incluso puedo estar flaca un tiempo. Quizás algún día hasta pueda sostenerlo. El famoso “mantenimiento” del que hablan todas las dietas a las que someto mi cuerpo, pero sobre todo mi mente, que cuenta calorías a lo tonto. Y sí, estoy flaca, pero me pregunto si eso es salud.

Mis vivencias son mías y no me las saca nadie. Gracias a eso, a la agresión que sufrí de parte de distintas personas “por mi bien”, es que soy quien soy hoy. Una persona que lucha contra los prejuicios. Muchas veces propios. Yo también caigo en la fantasía de que tener un cuerpo hegemónico es lo correcto, aunque el mío no lo sea; y encajar se me hace imperioso. Para bien o para mal, no encajo. Es lo que soy.

Puede que alguna vez me veas flaca, pero siempre voy a ser gorda. Seguramente no te guste. Seguramente te preocupe mi salud, incluso si mis estudios dan bien. Incluso mejor que los tuyos. Y de todas maneras insistas, porque no te entran las balas y no hay explicación que te haga modificar tu gordofobia.

Aunque esté flaca, soy gorda.

Siempre lo voy a ser.

Es mi vida, mi historia.

Soy gorda.

Y a mucha honra.

domingo, 13 de junio de 2021

Domingo pandémico

 

Estoy  enamorada.

Del amor.

Odio el odio.

Me da tedio el hartazgo y me quejo de los que se quejan.

No los aguanto.

Me hago amiga de la amistad y la festejo en una gran fiesta por Zoom, a la que no invito a nadie, porque quiero desconectarme de toda conexión.

Me aíslo en mi soledad y doy manotazos de ahogado en esta marea pandémica que quiere hundirme bien hondo, pero braceo y pataleo como una condenada a la vida.

Salgo a la superficie escupiendo agua salada a la que no le siento el gusto.

Me paranoiqueo en la paranoia.Me doy cuenta de que acaba de pasar otra semana, de que los que estamos, estamos vivos; y que la vida sigue, a pesar de los muertos.


domingo, 30 de mayo de 2021

Escritura sanadora

 

Amarga y melancólica, la muerte

Férrea y furiosa, la enfermedad

Vívida y vacilante, la vejez

Una daga dorada es el dolor

La locura, ocre y acérrima

De repente un ruido

La lapicera sobre el papel

Y amanece en el mar

Energía

Fulgor de fuego

Música

Aroma a lavanda

A pasto mojado

Monedas caen en una fuente

Las palabras amedrentan los miedos

miércoles, 26 de mayo de 2021

Mis palabras

 

Palabras, palabras y más palabras.

Grandes, chiquitas.

 Gerundios y pronombres.

Preposiciones y adjetivos.

Van y vienen sin que logre entenderlas.

Me siguen.

Demandantes.

Son tantas que mi cabeza ya no entiende.

Solo escucha ruido que no calla.

Alguien entra a mi sala de reunión personal sin ser invitado.

Me avisa gmail.

Alguien me preguntas cosas que debería resolver solo

Solo porque quiere hablar

Yo quiero escapar de las palabras ajenas

Me hago chiquita

Corro hacia el baño

Me encierro

Mi cabeza agradece la distancia

Alguien me llama y no registra

que hace rato dejé de escucharlo

O registra y no le importa.

Y sigue hablando.

¿Se enojará si le corto?

Necesito silencio

Un poco de paz

Para encontrar mis palabras.